ENTREVISTA A AMELIA VALCÁRCEL.

 

Rosalía Romero*.

(Texto íntegro, no reproducido por error en el número anterior de Alfa)

Esta entrevista fue realizada a Amelia Valcárcel el día 28 de mayo de 1.998 en Sevilla, donde vino a participar como ponente en un ciclo de conferencias organizado por la Universidad Internacional de Andalucía. El nombre del citado ciclo era La enseñanza de las humanidades y el humanismo en la enseñanza, y el título que la filósofa le dio a su conferencia fue Eficacia y utilidad de las Humanidades.

PREGUNTA. Amelia Valcárcel es directora de la Revista Leviatán (Revista de hechos e ideas)fundada en 1.934 y editada por la Fundación Pablo Iglesias. Además pertenece a consejos de redacción de otras revistas como, por ejemplo, Isegoría, Revista de Filosofía Moral y Política. Nuestra Revista, Alfa, es tan joven como la asociación que la publica, Asociación Andaluza de Filosofía. ¿Cuál cree usted que es el secreto para que una Revista de Filosofía tenga éxito y continuidad?.

RESPUESTA. Si yo lo supiera ya lo estaría aplicando; tener continuidad depende de tener lectores, tener lectores depende de que se hable de cosas que interesan y se hable desde un punto de vista a la vez pertinente y no pesado, no pedante; yo supongo que si eso se hace, si no el éxito, que nunca se puede garantizar, por lo menos la seriedad del trabajo sí se garantiza y, desde luego, mi experiencia es que cuando las cosas se hacen con seriedad, a la larga, cuajan.

PREGUNTA. Usted ha sido finalista del Premio Nacional de Ensayo dos veces; la 1ª en 1.989 compitió con José Luis Aranguren y fue finalista con la publicación de su 1ª obra, Hegel y la ética (Barcelona, Anthropos, 1.988), investigación que había presentado, años antes, como tesis doctoral. ¿Qué motivaciones filosóficas tuvo para encaminarse posteriormente por el feminismo filosófico?

Sí, en cada una de las ocasiones fue galardonada una persona a quien yo respetaba mucho, José Luis Aranguren, la primera, porque lo considero uno de mis maestros y, la segunda, Rafael Ferlosio por quien tengo gran amistad y mayor estima todavía, porque creo que es uno de los pensamientos más originales en este momento en España, aunque no esté de acuerdo con él en cosas. Bien, ¿por qué el feminismo?, el otro día lo reflexionaba yo misma y, ni si quiera puedo decir que fuera una cosa distinta de su presentación, como en la adolescencia, al comprobar que el mundo que me tocaba vivir no era imparcial ni equitativo ni conmigo, ni con mis proyectos ni con mis derechos, y ésa fue una comprobación muy dolorosa; y por algo bien simple: la equidad. Tal es la idea de justicia que tenemos, que hace que cualquier déficit de justicia se viva dolorosamente, que me llevó a compartir lo que luego el feminismo llamó "el malestar que no tenía nombre". Yo creo que yo me hice feminista por puro sentido de la justicia, que sólo mucho más tarde supe articular conceptualmente qué me sucedía no sólo a mí sino al sexo femenino, en general, y cómo a lo largo del proceso histórico se había ido estableciendo esa verdad de exclusión en la que se nos obligaba a vivir.

PREGUNTA. En la 2ª obra con la que fue usted finalista del Premio Nacional de Ensayo en 1.993 junto a Rafael Sánchez Ferlosio, titulada Del miedo a la igualdad (Crítica, 1.993) aborda un concepto ilustrado -"igualdad"- que se puede decir que es uno de los rasgos definitorios de su pensamiento. ¿Qué insuficiencias presenta el post-modernismo ante el concepto de "igualdad", entendido éste, evidentemente, no desde un punto de vista ontológico, sino desde un punto de vista político?

RESPUESTA. Nuestra tradición, la tradición fuerte de la Modernidad cuando se hace pragmática, cuando se hace moral y política, construye la gran tríada ilustrada "Libertad, Igualdad y Fraternidad". ¿Dónde está el déficit más fuerte?, en nuestro tipo social hemos de admitir que la libertad, bien que mal, está relativamente garantizada, pero ¿qué libertad es real cuando una mínima igualdad de partida no está asegurada para todos? o ¿qué idea de humanidad podemos llegar a construir y tomarnos en serio si imaginamos que los seres humanos se dividen entre quienes tienen derecho al saber, a la riqueza, al honor, al respeto, a comer todos los días y otros que desdichadamente no, pero que no es nuestra responsabilidad ni nuestro problema que esto sea así, sino que es una realidad natural en la cual no cabe introducir las ideas para que funcione?. A mi modo de ver, toda la polémica de la postmodernidad es simplemente un mal abordaje de la cuestión de la mundialización; se tiene que abordar lo que tenemos delante, que es el gran desafío de la mundialización. Y hay quien da dos pasos atrás diciéndonos que es para coger carrera, pero en realidad como le está dando la espalda es muy de dudar que sea para coger carrera. La mundialización es un desafío que da miedo, pero es el desafío de nuestro mundo; cierta postmodernidad, que en realidad como digo es un síntoma de los problemas con los que afrontamos la mundialización, da el diagnóstico de por qué suceden las cosas: que las ideas ilustradas han muerto, que en realidad nunca vivieron, que eran constructos racionalistas, que eran herencia religiosa. O sea se van inventando una serie de etiquetas para explicar que el proyecto ilustrado ha fracasado y que además tenía que fracasar. A mi modo de ver esto es una renuncia cobarde a hacerse cargo de cuál es el desafío; una renuncia, además, al saber, una renuncia a la seriedad en el saber, una renuncia a hacerse cargo de las propias ideas de nuestra tradición porque son muy fuertes y pesan demasiado. Y dentro de ellas la más fuerte de todas, naturalmente, y es la más difícil de cumplir, es la idea de igualdad. En mi libro Del miedo a la igualdad quise ver cuál era el rendimiento que tenía la idea de "igualdad" como idea político-moral de nuestra tradición, cuál era el peso que tenía y qué se seguía de no tomársela en serio y eso es lo que a mí me preocupaba en esos momentos y porque es ahí donde tenemos uno de nuestros grandes desafíos y porque es ahí donde tenemos los mayores déficits. Nuestro mundo, en igualdad, aún deja mucho que desear. Y mientras la igualdad no tenga unos mínimos más fuertes y además planetarios, la libertad será una especie de ficción. La gente sólo puede ser libre a partir de determinados mínimos; entonces, me pareció que escamotear la idea de igualdad como lo estaba haciendo la polémica así llamada el postmodernismo era demasiado echar tinta de calamar, era una estrategia conceptual verdaderamente bellaca.

PREGUNTA. Si le pedimos que defina qué es el feminismo filosófico -o la filosofía feminista- y de qué estado de salud goza en nuestro país respecto a otros países europeos y americanos, ¿qué nos dice?

RESPUESTA. El estado de salud del feminsimo filosófico español es excelente y cuando yo comparo las producciones feministas de la filosofía española con las producciones homólogas en otros países, por ejemplo, países europeos, o los Estados Unidos de América o con la América española veo que el feminismo filosófico español tiene la misma solvencia que ese otro feminismo que se hace fuera, es decir, que aquí no cabe presumir de atraso en esa cuestión. Nuestra filosofía feminista es tan buena, y en ocasiones, en algunos temas, más que otras. ¿En qué consiste la filosofía feminista?,la filosofía feminista no es distinta de la filosofía, empecemos por ahí. Consiste en tomar la variable sexo, o género, y ver cómo ésta está sesgando desde los períodos más arcaicos del pensamiento nuestra concepción misma de lo humano y ver ese sesgo que toma, qué efectos produce, con qué conceptos se articula, qué pragmática luego valida, si eso es deseable y si no lo es, dónde habría que deconstruir. El feminismo, yo lo dije una vez, es un hijo no querido de la Ilustración pero no por ello es menos hijo, aunque la Ilustración no lo buscara. Es también algo pariente de las filosofías de la sospecha; es decir, tiene que pensar que en las verdades admitidas hay algo de sinrazón que la razón debe seguir desmontando porque hay muchas sinrazones heredadas; y, por último, el feminismo es una de las claves de libertad más fuertes que ha sido capaz de darse a sí misma la filosofía política, es una de las tradiciones fuertes y respetables de la filosofía política ilustrada occidental.

PREGUNTA. Sexo y Filosofía. Sobre Mujer y Poder, es el libro que consagra a Amelia Valcárcel como pensadora feminista. En esta obra se hace eco de la propuesta "nominalista" realizada en el ámbito de la filosofía hispánica por Cèlia Amorós. ¿Cómo esbozaría usted un análisis del amor desde la perspectiva del feminismo nominalista?

RESPUESTA. En toda relación teórica hay algo que siempre es filía, yo de lo que me siento más contenta es de haber encontrado en el camino del pensar a amigas tan queridísimas como Cèlia Amorós o Victoria Camps, que además me precedían en él, por pocos años , pero lo bastante como para haberme servido de ayuda y de fortaleza en muchas ocasiones Porque esto de ser feminista estará muy bien y será muy bueno para el futuro de la humanidad, pero para el presente de algunos individuos puede llegar a ser muy duro, porque no está todo el mundo por hacerte el camino de rosas, a veces sucede más bien que te hacen una gran senda de espinas por llevar la contraria a los modales heredados o por poner en son de solfa, al menos, a algunos de los prejuicios heredados. Pero volviendo a la pregunta, el amor es un venerable sentimiento, yo he estudiado bastante lo que es su lenguaje, más que otra cosa. Desde una perspectiva nominalista, ¿qué quiere decir el amor?, quiere decir que uno ama a otro, y a otro que es justamente aquel otro porque no se parece a otro y es esa relación de filía entre individuos des-generizada; supongo que el amor existe, justamente, entre individuos, cuando existe realmente. Más que eso no se me ocurre.

PREGUNTA. Como hoy ha venido a Sevilla para impartir una conferencia titulada Eficacia y utilidad de las humanidades la pregunta que creemos pertinente hacerle es ¿cuál cree usted que es el reto de las humanidades en la actualidad?, ¿están en crisis?.

Con este título, adrede, he pretendido señalar un rasgo de las humanidades en el que normalmente no se para mientes, a saber, que son muy eficaces y, además, inmediatamente eficaces y que han sido en el pasado y son aun en el presente enormemente útiles; las humanidades sirven para definir a los colectivos, es decir, para señalar el horizonte en el cual se producen todas las propuestas de acción; ahora bien, las humanidades justamente por la feroz competencia de lo que Snow llamó en su famosa conferencia titulada Las dos culturas, la cultura científica y su dominio, las humanidades se sienten preteridas y en retirada. En parte con razón, porque si uno se estudia simplemente los presupuestos, que es un estudio que siempre hay que abordar, se da cuenta de que las agencias científicas, los institutos de investigación, los grandes programas estatales, etc., sobre todo dedican la mayor parte de sus efectivos dinerarios, que pueden ser enormes, a disciplinas de la tradición técnica o científica; y las disciplinas humanísticas están ahí contempladas como una suerte de ornato cuyo aporte presupuestario es mínimo. Cuando las humanidades se sienten preteridas , si el presupuesto es un índice que hay que tomarse en serio, hay que afirmar sí lo están y sin embargo, las humanidades siempre se convierten en objeto de debate, cosa que no sucede, aparentemente, con los contenidos científicos. Es decir, cuando existe verdaderamente una cuestión política fuerte, no me refiero simplemente a una cuestión política liosa o agresiva, sino a una fundamental, no se puede abordar con recursos técnicos ni mucho menos con recursos científicos, sino abriendo un debate en general sobre el fundamento y el futuro que queremos, por lo tanto, tiene que ser resuelta por la venerable terminología humanística y sus planteamientos. Las Humanidades creo que tienen también un desafío, que expongo. Si las Humanidades dejan que perviva la siguiente imagen: las ciencias son universales, sus contenidos son universales, sirven a cualquiera indistintamente, es decir, no entienden de creencias ni de adhesiones, el agua hierve a x grados o se hiela a x grados aquí y en cualquier parte del globo; es decir, no tienen modulaciones. Por el contrario, las humanidades sólo sirven a cada comunidad, a cada cultura, porque en realidad son el monto de su tradición y sobre ellas no cabe hacer unicidad alguna, porque son saberes necesariamente dispersos y pragmáticos... pues bien, si esto se toma en serio, entonces sencillamente hay que sacar la conclusión de que el mundo no tiene solución. Asistiremos a un mundo cada vez más bárbaro, en el que los saberes técnicos se usarán para la violencia porque de los saberes humanísticos no obtenemos nada que nos sirva para establecer una convivencia global. Pero esto no es así. De la misma manera que la universalidad comenzó a funcionar en los saberes que ahora llamamos científicos, las humanidades produjeron en la época ilustrada su propia universalidad, que es la que sirve para fundamentar realmente este mundo en el que ya estamos medio viviendo y que tiene ya funcionando la mayor parte de las claves del mundo que previsiblemente tenemos que hacer real; un mundo del futuro presidido, justamente, por las grandes ideas de la tradición humanista. Entonces, ni podemos tolerar la preterición de las Humanidades, ni que sean utilizadas como saberes parciales, sino que tenemos que potenciar sus contenidos universales.

PREGUNTA. ¿Y la filosofía está en crisis?.

RESPUESTA. La filosofía es muy vieja y muy ágil. Para la edad que tiene, tiene una agilidad infinita. La filosofía no puede estar en crisis; algunos filósofos claro que están en crisis y no sólo están en crisis, hay que ser más radicales, están fuera de bolos desde hace tiempo. Pero la filosofía nunca se identifica con ningún filósofo, es una tarea que hacemos entre todos, es la propia inteligencia humana pensándose a sí misma, en su funcionamiento y en sus productos. Eso no está en crisis. Está todo el rato trabajando sobre ello mismo. A veces da malos paseos y, a veces se equivoca; pero otras veces, y esas son las que importa, enseña el brillo enorme del que es capaz la razón viéndose. La única manera de que la filosofía estuviera en crisis es que la libertad también estuviera en crisis. Lo peor para el pensamiento es la falta de libertad y no parece ser eso lo que está ocurriendo. Lo que pasa es que la filosofía es multivaria y la hay buena, mala y regular. Pero no hay ahora ni más ni menos crisis en ella que en el pasado.

 

Doctora en Filosofía y profesora en el I.E.S."Diego Angulo" de Valverde del Camino.


Asociación Andaluza de Filosofía.