LA "RESPONSABILIDAD" DE LOS INTELECTUALES: LA AMBIGÜEDAD DE FOUCAULT CON KANT



Rosalía Romero Pérez**



La presente comunicación se inscribe en la tarea de historiar la responsabilidad de los intelectuales cuyas posiciones políticas entran en contradicción con sus convicciones filosóficas. En el caso que nos ocupa trataremos el relativismo cultural exacerbado en el que incurrió Michel Foucault cuando prestó su apoyo a la revolución islámica iraní de 1.978. Tales posicionamientos estaban en clara contradicción con las afinidades que ya en ese momento había establecido con el pensamiento kantiano. Contribuir a rememorar los errores políticos y las contradicciones teóricas de los filósofos cuyos escritos periodísticos tienen efectos de exhortación sobre el público, nos parece imprescindible para la futura universalización de los derechos humanos.



Foucault fue reportero en la revolución iraní de 1.978 del diario italiano Corriere della sera. Unos meses antes había impartido una conferencia en París organizada por la Societé Française de Philosophie cuyo texto ha sido publicado con el título "¿Qué es la crítica? (Crítica e Ilustración)"1. En este texto Foucault adscribe su concepción de "crítica" a la comprensión kantiana expuesta en el escrito "¿Qué es la Ilustración?". La crítica es definida en un primer momento como "el arte de no ser de tal modo gobernado". Esta definición, sostiene Foucault, no está muy lejos de la definición de Aufklärung dada por Kant, definida "en relación con un cierto estado de minoría de edad en el cual sería mantenida, y lo sería autoritariamente, la humanidad". En segundo lugar, Kant caracterizó esta minoría de edad por una cierta incapacidad de servirse del propio entendimiento sin algo que sería la dirección de otro, y emplea el término leiter, que tiene históricamente un claro sentido religioso. Por otra parte, el exceso de autoridad es correlativo con lo que Kant llama una falta de decisión y de coraje. Esta definición, sostiene Foucault, no es simplemente una especie de definición histórica y especulativa, es en todo caso una llamada al coraje lo que Kant lanza en esta descripción de la Aufklärung.

Como podemos observar Foucault señala el término específico que Kant utiliza para denunciar la heteronomía, leiter, cuyo significado religioso es obvio. Sin embargo, nos parece que el núcleo del escrito Kantiano "¿Qué es la Ilustración?" está insuficientemente tematizado. Atendamos a un pasaje de la parte final del texto en el que el filósofo alemán responde a la cuestión que nos ocupa:

"He tratado del punto principal de la Ilustración, a saber, la emancipación de los hombres de su merecida tutela, en especial por lo que se refiere a cuestiones de religión; pues en lo que atañe a las ciencias y las artes los que mandan ningún interés tienen en ejercer tutela sobre sus súbditos y, por otra parte, hay que considerar que esa tutela religiosa es, entre todas, la más funesta y deshonrosa"2(la cursiva es nuestra).





En la lectura de Foucault la "voluntad de laicización" y la "necesidad de emancipación del estado de tutela en materia de religión" no son asumidas con la importancia que revisten en el texto kantiano. Y es en los artículos de prensa publicados en Italia y en Francia sobre la revolución iraní donde se manifiesta la "ambigüedad" con la que caracterizamos la relación de Foucault con Kant. En la conclusión del primer artículo publicado en el diario Corriere della sera el 1º de Octubre de 1.978 Foucault expresó lo que sigue:

"...os ruego que no habléis en Europa de circunstancias y desgracias de un soberano muy moderno para un país muy viejo. Lo que es viejo aquí en Irán es el Shah: cincuenta, cien años de retraso. Él tiene la edad de los soberanos predadores, él porta el sueño viejo de abrir su país por la laicización y por la industrialización. El arcaísmo, hoy, es su proyecto de modernización, sus armas de déspota, su sistema de corrupción"3. (La cursiva es nuestra).





El poder del Shah en estos momentos -señala Foucault4- es parte del reflejo del poder que Estados Unidos ejerce en el orden internacional, pese a la multitud de muertes diarias ocurridas en Irán. Foucault identifica "abrir el país por la laicización" con "el viejo sueño de los soberanos predadores"; "laicizar" no tiene otra connotación más que el poder que los Estados Unidos estaban ejerciendo en un país islámico. De las fuerzas de oposición al Shah, Foucault sólo hablaba de la "voluntad de gobierno islámico", pero no habló de la masa de hombres y de mujeres que se volvieron contra el régimen para mostrar su oposición ante lo que consideraban imperialismo cultural5. Estas fuerzas de oposición no estaban movidas por un deseo de reinstaurar la ley islámica tradicional.

Foucault valora altamente el deseo mayoritario de un "gobierno islámico" manifestado en las ciudades, Teherán y Qom, en las que realizó entrevistas a personas civiles. El Islam chiíta, dice el filósofo, presenta un cierto número de rasgos susceptibles de dar a la voluntad de "gobierno islámico" una coloración particular.

En cuanto a la organización destaca la ausencia de jerarquía en el clero, independencia de unos religiosos en relación a otros, importancia de la autoridad puramente espiritual. El rol del clero ha de ser de eco y de guía para mantener su influencia.

En lo que respecta a su doctrina, hay un principio que dice que la verdad no está terminada por el último profeta: después de Mahoma, consideran que comienza otro ciclo de revelación inacabado de imanes que, a través de sus palabras, su ejemplo y también su martirio, llevan una luz, siempre la misma y siempre cambiante; es la que permite aclarar, desde el interior, la ley, la cual no está hecha sólo para ser conservada sino para redimir, a lo largo del tiempo, el sentido espiritual que ella guarda. Del mismo modo, el duodécimo imán, invisible antes de su retorno prometido, no está radical y fatalmente ausente: son los mismos hombres quienes le hacen volver en la medida en que les aclara más la verdad en su despertar6.

Se dice frecuentemente que, para el chiísmo, todo poder es malo desde el momento en que no es el poder del imán, pero Foucault nos recuerda las palabras del ayatolá Chariat Madari en una entrevista:

"Nosotros esperamos el retorno del imán, lo que no quiere decir que renunciemos a la posibilidad de un buen gobierno. Vosotros os esforzáis también, vosotros y otros cristianos, quienes esperáis por tanto el día del Juicio final"7.



Un "gobierno islámico", sostiene Foucault, nadie en Irán lo entiende como un régimen político en el que el clérigo desempeñaría un papel de dirección. La expresión designa dos órdenes de cosas: "una utopía", declaran algunos, sin un sentido peyorativo, o "un ideal", respuesta mayoritaria. En cualquier caso se hace referencia a una cosa muy antigua al mismo tiempo que muy alejada en el futuro8: volver a lo que fue el Islam en tiempos del Profeta. Las directrices generales del Islam chiíta son las siguientes:

"El Islam valora el trabajo; nadie puede estar privado de los frutos de su trabajo; lo que debe pertenecer a todos (el agua, lo que está debajo del sol) no deberá ser apropiado por nadie. Para las libertades, ellas serán respetadas en la medida en que su uso no perjudique al prójimo; las minorías serán protegidas y libres de vivir a su manera a condición de no perjudicar a la mayoría; entre el hombre y la mujer, no habrá desigualdad de derechos, sino diferencia, puesto que hay diferencia de naturaleza. Para la política, que las decisiones sean tomadas por la mayoría, que los dirigentes sean responsables ante el pueblo y que cada uno, como está previsto en el Corán, pueda levantarse y pedir cuentas al que gobierna9. (La cursiva es nuestra).





Se trata, en principio, de un movimiento que tiende a dar a las estructuras tradicionales de la sociedad islámica un rol permanente en la vida política. El gobierno islámico es el que permitirá mantener en actividad esos millares de focos políticos que son enardecidos en las mezquitas y en las comunidades religiosas para resistir al régimen del Shah. Pero se piensa también en otro movimiento que es como el inverso y el complementario del primero. Es el que permitirá introducir en la vida política una dimensión espiritual: hacer que la vida política no sea, como siempre, el obstáculo para la espiritualidad, sino su receptáculo, su ocasión, su fermento.

Las directrices generales del Islam chiíta ¿no tendrían que provocar en el filósofo nominalista y en el teórico constructivista de la sexualidad un rechazo de "esa naturaleza diferente que el Islam promulga entre hombres y mujeres?. ¿Por qué la afirmación de la diferencia de naturaleza entre los sexos no induce a Foucault ni siquiera a señalar el carácter cultural e interesado de esta afirmación?. El esencialismo islámico ¿no tendría que ser cuestionado por el Foucault que defendió el relativismo cultural de la noción de enfermedad con el contraste entre culturas para mostrar lo falso de atribuir una naturaleza intrínseca a lo concerniente a la sexualidad?. O, ¿acaso hay un esencialismo malo y un esencialismo bueno que corresponderían, respectivamente, al pensamiento occidental y al pensamiento no-occidental?.

"À quoi rêvent les Iraniens?", primer artículo periodístico de Foucault sobre este tema en Francia, fue contestado por una lectora iraní que escribió a Le Nouvel Observateur. La autora de este escrito publicado el seis de noviembre se identificaba como Atoussa H. Rechazaba enérgicamente el artículo de Foucault del dieciséis de octubre y le atacaba por sugerir que "la espiritualidad musulmana" era, en cierto modo, preferible a la decadente dictadura del Shah y por ofrecer al pueblo iraní una sombría elección entre SAVAK, la policía secreta del Shah, y el "fanatismo religioso". De forma más específica, señalaba la posición inferior que el Islam imponía a las mujeres y el ominoso espectáculo de que se insultara a las mujeres por no llevar velo. En su opinión, se utilizaría el Islam como una pantalla de una opresión feudal o pseudorrevolucionaria: si la ley islámica era la cura, quizá fuera mucho peor que la enfermedad10. Están expresados en esta carta también el temor y la desesperanza que tantísimas personas tienen respecto a la idea de un "gobierno islámico".

Una semana después, Foucault contestó, en breves palabras, y su escrito comenzaba diciendo: "Mme. Atoussa H. no ha leído el artículo que critica"; le replicaba que, en vista de la demanda de un gobierno islámico, era su deber elemental intentar descubrir lo que éste significaba. Sostenía además que la carta de Atoussa H. contenía dos cosas intolerables. Por un lado, se rechazaba toda posibilidad ofrecida por el Islam en nombre del viejo reproche de fanatismo; por el otro, la autora de la carta parecía sospechar que cualquier interés que se tomara un occidental por el Islam era un signo de su desprecio por él. La respuesta de Foucault a Atoussa H. termina como sigue:

"El Islam como fuerza política es un problema esencial de nuestra era y de los años venideros. La condición necesaria para acercarnos a él aunque sea con una pizca de comprensión es no comenzar impulsando el odio contra él"11.



El escrito de Atoussa H. no provocó en Foucault una actitud de solidaridad con quienes rechazaban tanto el régimen del Shah como el fanatismo religioso, a diferencia del apoyo prestado a las fuerzas de oposición que pedían un gobierno islámico. El rechazo de las mujeres a llevar velo y a los insultos recibidos por no llevarlo ¿no debería haber provocado una actitud de respeto y de apoyo en quien se reconocía en la tradición inaugurada por Kant en "¿Qué es la Ilustración?".

En el texto "¿Qué es la Crítica? (Crítica y Aufklärung)" Foucault dice que Kant describió la Aufklärung como él definía "la crítica": "el arte de no ser de tal modo gobernado". Pero esta convicción teórica en Foucault ¿no entra en contradicción con el apoyo que no prestó a las mujeres y a los hombres iraníes que no querían ser gobernados ni por el imperialismo cultural de Estados Unidos, ni por un gobierno islámico?. Una actitud crítica ¿no hubiera requerido precisamente una crítica a quienes se autoconstituyeron en tutores de todas las mujeres en Irán, al mismo tiempo que un apoyo a las mujeres que luchaban por no perder los márgenes de autonomía que habían conquistado?.

En Irán, las mujeres que se han decidido a ejercer su libertad, como Atoussa H. afirmaba, corren riesgos de agresión permanente. Poco después de la subida al poder de Jomeini estas agresiones cobraron el apoyo gubernamental y se produjo un retroceso en la situación de las mujeres iraníes.

La ambigüedad de Foucault con el texto kantiano "¿Qué es la Ilustración?" estriba, por consiguiente, en la descentralización temática que se opera con el desplazamiento del énfasis: la tutela religiosa que en el texto kantiano es objeto de una crítica explícita, apenas es tenida en cuenta en la lectura y en la actitud de Foucault. Un segundo aspecto de la ambigüedad del filósofo francés con el filósofo alemán de 1.784 es lo que respecta a la Crítica en Foucault y la relación de ésta con un suceso contemporáneo. Cuando Foucault define la Crítica como "el arte de no ser de tal modo gobernado", parece que está elogiando y valorando lo que se necesita, precisamente, para crear el arte que permita el autogobierno en la medida en que el sujeto rechaza lo que no quiere y, por tanto, elige. Lo que se necesita, entonces, es autonomía. Esta valoración de Foucault está ausente en la interpretación del suceso que eligió para hablar de él: la revolución iraní. ¿Por qué Foucault no tuvo en cuenta "la autonomía" que querían salvaguardar las mujeres iraníes respecto de la tutela que, cada vez más, ejercía la religión en Irán? Realmente, en términos kantianos, la razón teórica de Michel Foucault, en estos momentos, estuvo a años luz de su razón práctica.



*Doctora en Filosofía. Profesora de Enseñanza Secundaria. Sevilla.



1FOUCAULT, M. "¿Qué es la Crítica? (Crítica y Aufklärung)" en Daimon. Revista de Filosofía. Trad. cast. de Javier de la Higuera, 11(1.995), págs. 5-25.

2KANT, I. ¿Qué es la Ilustración? en Filosofía de la historia. Trad. cast. de Eugenio Imaz. Madrid, ed. Fondo de Cultura Económica, 1.984, pág. 36.

3FOUCAULT, M. "La scia ha cento di ritardo", Corriere della sera, 1º Octobre 1.978. Publicado en francés en Dits et écrits.(éd. de Daniel Defert y François Ewald) T. III (1.976-1.979), Paris, Gallimard. 1.994, "Le shah a cent ans de retard", págs. 679-683. La traducción del francés al castellano es nuestra.



4FOUCAULT, M. "À quoi rêvent les Iraniens?", Le Nouvel Observateur, nº 727, 16-22 Octobre 1.978, en Dits et écrits. T. III., op. cit, pág. 688.

5Véase Henrietta L. Moore, Antropología y Feminismo. Trad. cast. de Jerónima García Bonafé. Madrid, ed. Cátedra, 1.996, pág. 205.

6FOUCAULT, M. À quoi rêvent les Iraniens?, op. cit., pág. 691.

7Ibidem. La traducción es nuestra.

8Idem., pág. 692.

9Ibidem. La traducción es nuestra.

10"Una iranienne écrit", Le Nouvel Observateur, 6 de noviembre de 1.978, pág. 27.

11FOUCAULT, M. "Réponse de Michel Foucault à une lectrice iranienne" en Dits et écrits. T. III., op. cit., pág. 708.




Asociación Andaluza de Filosofía.