Autopista al Hades

José Antonio de la Rubia

Sólo han pasado cuarenta años desde que Tomás Calvo Martínez (1942-2023) impartiera la primera clase del primer día del primer curso de Filosofía, turno de mañana, en la entonces denominada Facultad de Letras de la Universidad de Granada. Entristecidos por el reciente fallecimiento de Tomás, los supervivientes de aquella clase no dudamos en recordarla como una de las más brillantes de la carrera hasta el extremo de que hay quien dice que terminamos aplaudiendo. Yo no recuerdo el aplauso, pero sí mi entusiasmo. Tomás Calvo fue, ante todo y sobre todo, un gran profesor de filosofía y un enorme especialista en la filosofía griega. Fue en aquellos años cuando publicó su libro De los sofistas a Platón: política y pensamiento y compartía con sus alumnos su innovadora traducción de la Metafísica de Aristóteles a medida que la iba realizando (posteriormente publicada por Gredos). Ya había traducido el De anima y tenía una sólida carrera académica que, después de pasar por Granada en la sección de Filosofía que fundó Pedro Cerezo, acabó en la Complutense de Madrid.

Era muy conocido fuera de los círculos filosóficos por el enorme éxito del libro de Historia de la Filosofía de Anaya, que escribió junto a Juan Manuel Navarro Cordón, uno de los mejores manuales de bachillerato que se han escrito. En cierta ocasión, siendo yo miembro del Consejo de Departamento, denuncié el supuesto bajo nivel de las enseñanzas basándome en que los alumnos universitarios estudiaban con el libro de COU. Inmune a la provocación, sonriendo y mirándome de soslayo me dijo que ese libro no se escribió para la universidad. Puede que tuviera demasiado nivel incluso para la docta institución.

Entre los hitos que recuerdo están la organización de los congresos sobre Willard V. O. Quine y Paul Ricoeur. Era la primera vez que yo veía a leyendas filosóficas en Granada. También nos llevó a un congreso en Santiago donde vimos en directo a su amigo Pierre Aubenque. Hombre afable, erudito, presumido, fue el primer profesor con el que me tomé una cerveza. Creo que ninguno de los que fuimos sus alumnos olvidará sus clases ni su calidad humana. Ni su humor. Una vez, analizando, si mal no recuerdo, el concepto de sustancia, nos contó que en un congreso aristotélico en Grecia los filósofos iban montados en el autobús turístico cuando de repente empezaron a discutir sobre qué era una <<autopista>>. Ya ven ustedes, la ousía está en todas partes. Puede que ahora se lo esté explicando el mismísimo Aristóteles. Descanse en paz.