Foto de José Rubio

Todos los socios de la AAFi hemos de lamentar la pérdida a principios de 2023 del excelente profesor José Rubio Carracedo, eminente socio fundador de nuestra Asociación y su primerizo vocal por Málaga, muy activo en sus congresos desde 1995 y presente en nuestra revista ALFA durante más de una década.

José Rubio Carracedo nació en 1940. Doctor en Pedagogía y Filosofía por la Universidad Complutense. Su tesis, dirigida por Adolfo Muñoz Alonso, versó sobre La Antropología educativa de Theilhard de Chardin. Ejerció como profesor de latín, ética y sociología en las universidades de Valladolid y Valencia antes de obtener la Cátedra de moral y política de la universidad de Málaga en 1987.

En el 2020 la Fundación Dialnet recogía más de sesenta artículos suyos en revistas nacionales e internacionales, diecisiete colaboraciones en obras colectivas y veintisiete libros bajo su acreditada firma. Entre ellos: Paradigmas de la política (1990), Ética constructiva y autonomía personal (1992), Educación moral, postmodernidad y democracia (1996), Ciudadanos sin democracia (2005), Ética del siglo XXI (2009), Teoría crítica de la ciudadanía democrática (2010). Además, don José todavía halló tiempo para participar en numerosos proyectos de I+D patrocinados por el Ministerio de Educación y la Junta de Andalucía.

Sabemos por sus alumnas y alumnos que profesó como preclaro y afable maestro. Visitó como invitado universidades extranjeras: la usamericana de Detroit y la alemana Universität Passau; la Central de Venezuela y la de Bogotá (Colombia). Políglota, estudioso y traductor de Rousseau, buen conocedor y admirador de Kant, amable introductor de obras ajenas, intérprete del estructuralismo, de la psicología moral, hermeneuta de la obra de Habermas y de la propuesta de J. Rawls, a la que consideraba básicamente correcta en su aplicación minimalista (v. ALFA nº 2, 1997), Rubio Carracedo estaba convencido de que sin educación cívico-política, sin formación ética y humanística, la democracia es inviable, es decir, que no puede haber democracia sin demócratas.

Analizó el significado y alcance de los derechos humanos: “la aportación más valiosa de Occidente a la humanidad”. Se ocupó de la crisis de las Humanidades y de la Educación (Paideia) en el número 4 de ALFA (1998), entendiendo por “humanidades aquellas disciplinas que promueven en las personas el espíritu humanista” estimulando “la autoformación intelectual, moral y estética del individuo”, pues las Humanidades, desde su Renacimiento, apuntan a la autonomía y a los valores de los derechos humanos.

El profesor Rubio apostaba por la “consiliencia” de las dos culturas: la tecnocientífica y la humanística, conciliación de artes y ciencias bajo una misión ineludible y cosmopolita: sub specie humanitatis vivere, es decir y nada menos que la defensa y promoción de la dignidad humana, en la que el hombre se juega ya también, además de su emancipación, su supervivencia. Rubio Carracedo era consciente de que el descarte de la tecno-ciencia y el aislamiento del humanista en su torre de marfil son posiciones reaccionarias: Lo tecno-científico es ya para siempre un componente necesario de nuestro mundo y “un humanista actual es inconcebible sin una información suficiente de los avances científicos y técnicos”.

En el número 6 de ALFA, Rubio Carracedo analizaba las contradicciones y demasías del neoliberalismo. Con su característica y sensata ecuanimidad y sin desdeñar sus logros, examina su problemática legitimidad tras el derrumbe de los sistemas comunistas. En el número 7 de ALFA (2000) reseñábamos la obra colectiva Ciudadanía, nacionalismo y derechos humanos (de Rubio Carracedo, José Mª Rosales y Manuel Toscano), libro en el que se devana una madeja de problemas tan actuales como la emergencia del nacionalismo étnico y la distinción entre multiculturalismo y pluralismo cultural. Allí se manifestaba a favor de un pluralismo que incentive el diálogo e intercambio etnocultural desde un relativismo matizado, porque “toda cultura es susceptible de mejora y tiene algo que aprender de las demás”.

A finales del 2000, el número 8 de ALFA recogía su ponencia presentada en el III Congreso de la AAFi celebrado en Sevilla sobre Ética y Responsabilidad y el futuro de los Derechos Humanos, intitulada “Globalización y diferencialidad en los derechos humanos”. En ella, y frente a los extremismos de las lógicas universalista y diferencialista, Rubio propone un pluralismo reflexivo que conjugue el cosmopolitismo y el nacionalismo moderado con un diferencialismo razonable, ¡un cuerdo y circunspecto equilibrio!

En el Número 15 de ALFA (2004) y en la crónica del V Congreso de la AAFi (Almonte) se recogen algunas anécdotas relativas a la aguda racionalidad y el buen humor de nuestro ilustre asociado. José Rubio nos sorprendió a todos con su defensa de la fecundación in vitro: modo de procreación más racional que cualquier otro, pues puede evitar enfermedades monogénicas (la fecundación in virgo resulta menos racional, pero más misteriosa, añadió con sorna).

El número 16 de ALFA (2005) acopia su comunicación “La Ética en la era de la Biotecnología”. No cabe duda de que la Biotecnología es el nuevo paradigma científico global, promesa de un nuevo “génesis”, en co-protagonismo con la Informática pues “la Era Gutenberg ha terminado”. Es esta una revolución repleta de vértigos y peligros. Para Rubio sus riesgos no justifican una descalificación global (modus heideggeriano), sino que exigen un discreto y reflexivo “según y cómo” que enfrente desde la tradición humanista y la ética civil los desafíos y potencialidades de la bioingeniería. El profesor examina aquí los siete vectores de esta nueva “matriz operacional” que afecta ya a todos los campos de la industria, el comercio, la alimentación, la medicina…, y cuyos escollos e inseguridades se suman a los de la contaminación química y nuclear, con posibles efectos nocivos aún de más largo alcance y más difícil corrección, pudiéndose hablar ya de “polución genética”.

La batalla moral contra los potenciales excesos de la biotecnología no puede emprenderse desde el enfoque inquisitorial de prejuicios religiosos inveterados ni desde concepciones filosóficas periclitadas. Investigar libremente es un derecho, pero ningún derecho es absoluto, pues todos deben conciliarse prudente y armónicamente con otros derechos, desde el cálculo razonable de los riesgos y aplicando el criterio de una solidaridad responsable del presente, del futuro de la humanidad y de toda la bioesfera, dilucidado por las dos ramas de la Bioética: la Gen-Ética y la Eco-Ética, pues si la lógica es la moral del pensamiento, la ética es la lógica de la acción (Piaget).

Los grandes principios de la ética clásica, correctamente entendidos y aplicados, mantienen su plena vigencia en la Era Biotecnológica, también llamada “Antropoceno”, tiempos en el que la acción del hombre sobre la bioesfera alcanza rango de fuerza geológica y pone en peligro esa reserva imponderable que es la biodiversidad del planeta, afectando incluso a su clima. José Rubio Carracedo sintetizó para nosotros dichos principios desde una ética civil, libre de religiones, de tradiciones y de consignas ideológicas, principios que deben observarse como guías o protocolos en toda investigación-aplicación, identificando cualquier temeridad con una imprudencia inmoral: 1) el de no maleficencia prohíbe lo que empeore la situación, 2) el de autonomía exige respeto a la dignidad de las personas y a su aceptación o rechazo conscientes, 3) el de justicia ambiental prima la equidad y el respeto a los ecosistemas, y d) el de beneficencia o responsabilidad social: que nadie sea perjudicado y se beneficie a alguien.

Valga este breve resumen de sus aportes como miembro de la Asociación Andaluza de Filosofía, preservados en nuestras publicaciones, como memoria viva y homenaje a sus esfuerzos y méritos, a su bonhomía y discreción, a su capacidad para trabajar en equipo, confiando en que aquellos no caerán en saco roto. ¡Que la tierra le sea leve y que comparta la gloria de los justos!